Apertura de la COP21 en París [fr]

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Discurso de apertura de la COP21 de Laurent Fabius, Ministro de Asuntos Exteriores y Desarrollo Internacional y Presidente de la COP21

Sr. Presidente de la República Francesa,
Sr. Secretario General de las Naciones Unidas,
Señoras y señores Jefes de Estado y de Gobierno,
Señoras y señores Delegados:

La semana pasada, a sabiendas de que iba a presidir esta COP21, las personas con quienes me entrevisté me plantearon la misma pregunta: ¿Tendrá éxito la Conferencia de París?

La primera condición del éxito ya se cumple, gracias a ustedes. Son cerca de 150 Jefes de Estado y de Gobierno reunidos aquí, a pesar de la tormenta. En el recinto de nuestra Conferencia, hay varios miles de delegados y responsables de la sociedad civil, y a través del mundo, millones. Por su movilización, ustedes dan fe de que la civilización y la solidaridad son más fuertes que la barbarie. Gracias.

La segunda condición del éxito, tengo confianza de que se cumplirá también. Hemos querido reunir para el clima a los protagonistas no gubernamentales del planeta: las ciudades, las regiones, las empresas, las organizaciones no gubernamentales, las fuerzas sociales y económicas, los particulares. En asociación con la ONU, cuyo Secretario General se ha movilizado totalmente, el desarrollo de esta Conferencia se construyó con este espíritu: las decisiones de los Gobiernos son capitales, pero las de los protagonistas no gubernamentales también. Aquí mismo, en las horas y los días que vienen, cientos de colectividades territoriales y empresas anunciarán compromisos concretos e importantes. Se lanzarán iniciativas poderosas, a veces en asociación entre los sectores público y privado, en particular en el ámbito de la innovación con respecto a las tecnologías limpias, la energía solar o el precio del carbono. Todas estas acciones son prometedoras para la lucha contra el calentamiento climático: una lucha que es a la vez una obligación vital y una oportunidad esencial para un desarrollo sostenible que concilie economía, ética y ecología.

Falta la tercera condición del éxito, más difícil: al término de la Conferencia, en 11 muy cortos días, debemos lograr un acuerdo climático universal y ambicioso. Este acuerdo deberá ser diferenciado, justo, sostenible, dinámico, equilibrado, jurídicamente vinculante y que nos permita, para 2100, que la temperatura a causa de las emisiones de gas de efecto invernadero, no se eleve más de 2°, o incluso 1.5°, con respecto a la era preindustrial. Cada uno de estos términos remite a disposiciones precisas que no pudimos, en el pasado, concluir totalmente. Es el reto de los debates que sus ministros y negociadores van a tener. No debemos perder nuestro tiempo en debates de procedimiento: debemos tratar la sustancia y encontrar juntos soluciones. Como Presidente de la COP, deberé estar a la escucha de todos y cada uno, ser imparcial, y actuar para lograr un compromiso ambicioso.

Varias señales son alentadoras. La toma de conciencia de que un acuerdo es indispensable progresó mucho, estimulada por la confirmación de que 2014 fue el año más caliente nunca antes registrado y que 2015 será peor todavía. Los trabajos de los científicos han establecido de manera incontestable el diagnóstico y el pronóstico. El compromiso de grandes autoridades espirituales y religiosas es fuerte y el de los gobiernos va en general en el buen sentido.

Prueba de ello es el número de contribuciones nacionales de los Estados, las famosas INDC. Hasta ahora, se han publicado 183 INDC, que representan más de un 95% de las emisiones mundiales de gas de efecto invernadero. Ciertamente difieren por su ambición, pero el hecho mismo de que la cuasi totalidad de los países haya completado esta tarea muestra una notable evolución y permite anticipar los avances que serán necesarios en el futuro. ¡Y atención! El total de estas contribuciones nos aleja de los 4°, 5° o 6° de calentamiento mencionados por el GIEC en escenarios inaceptables de inacción; pero eso no bastará para permanecer bajo los 1.5° o 2° máximos. De ahí el carácter crucial de los mecanismos de cita periódicos y de mejoramiento que podremos, así lo espero, incluir en nuestro acuerdo.

Finalmente hago hincapié en un aspecto: un acuerdo climático mundial no es una exigencia que los países desarrollados impondrían a los países en desarrollo; es una exigencia universal a la cual debemos responder juntos. La solidaridad climática debe progresar todavía más; la movilización de los financiamientos y tecnologías en favor de los países del Sur también. El Acuerdo de París debe ser también un pacto por la justicia y en contra de las desigualdades. Como Presidente de esta Conferencia, mi deber es velar por ello.

Sobre todos estos puntos ─mis colegas ministros y los negociadores conmigo─ deseamos que en este primer día den ustedes el impulso político indispensable: ¡que sus intervenciones sean tan fuertes que prohíban cualquier otra salida que no sea el éxito!

Señoras y señores Jefes de Estado y de Gobierno:

Francia pasará, a finales de 2016, la estafeta a nuestros amigos marroquíes, de igual manera que nosotros la recibimos de nuestros amigos de Perú quienes llevaron a cabo un notable trabajo. Pero en este año 2015, hay urgencia. Los gases de efecto invernadero siguen, en efecto, acumulándose en la atmósfera, al punto de llegar ─si no se hiciera nada o no se hiciera lo suficientemente rápido─ a una situación irreversible. Aquí y ahora, existe un “momentum” particular: fue a esta Conferencia que la COP de Durban en 2011 confió expresamente la tarea de lograr un acuerdo. La COP21 debe ser un vuelco, un cambio de dirección. Seguramente no todo se solucionará en París; pero no se solucionará nada sin París.

En este momento, tengo en mi memoria y en el corazón los relatos y los rostros con los que me he topado estos últimos meses preparando la COP: en Bangladesh esta mujer mayor, cansada y digna, que había debido mudarse nueve veces debido a las inundaciones y que me preguntó si la COP21 iba a cambiar todo eso; en el Artico ese ingeniero que me mostró los hundimientos apocalípticos de la banquisa y sus consecuencias; en Cochabamba, aquel campesino boliviano llorando por los daños provocados por la falta de respeto a la Madre Tierra y que espera poder tener confianza en nosotros; en África una joven mujer ─pues son las mujeres y los pobres las primeras víctimas─ describiendo la desecación espectacular del lago Chad y sus funestas incidencias. De nuestras respuestas, de nuestros compromisos aquí logrados, dependerá su vida y la de centenas de millones de nuestros hermanos y hermanas en la humanidad.

Señoras y señores Jefes de Estado y de Gobierno:

A la entrada de esta sala quizás vieron ustedes al levantar la mirada una enorme fotografía, que simboliza lo que está en juego en nuestra Conferencia. Del lado izquierdo de la fotografía, un árbol que perdió todas sus hojas, sustituidas por bolsas de plástico: una especie de esqueleto en un medio ambiente ya inhumano. A la derecha de la fotografía, el retrato de un niño armonioso que se despierta. Y en medio, una mariposa, portadora de esperanza. Ahí estamos. O bien fracasamos en París, y es la desolación. O bien logramos un acuerdo ambicioso para actuar contra el calentamiento climático y un hermoso porvenir futuro está abierto.

Creo en el éxito. Creo en él porque lo espero. Creo en él porque sabemos todos que la lucha contra el calentamiento climático es mucho más que una cuestión ambiental: es una condición esencial para abastecer en comida y en agua al planeta, para salvar la biodiversidad y proteger la salud, para luchar contra la pobreza y las migraciones masivas, para disuadir las guerras y alentar la paz y, en última instancia, para dar su oportunidad al desarrollo sostenible y a la vida.

En este fin del año 2015, corresponde a Francia junto con todos ustedes ayudar a afrontar dos de los principales desafíos del siglo: luchar contra el terrorismo y luchar contra el cambio climático. Las generaciones presentes nos presionan para actuar; las generaciones futuras juzgarán nuestras acciones: no podemos todavía oírlos, pero de cierta manera ya nos observan. Con frecuencia se desvirtúa el adjetivo “histórico”, pero hoy no. Juntos, hagamos de la Conferencia de París el éxito histórico que el mundo espera./.

publicado el 25/10/2016

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