El cuidado del planeta depende también de las empresas (Columna de Laurent Fabius y de Christiana Figueres, La Nación, 19 de mayo de 2015) [fr]

Esta semana, un nutrido grupo de grandes empresarios se da cita en París para la Business and Climate Summit. La reunión llega a poco más de seis meses de la Conferencia del Clima de París, la COP 21, que tiene como objetivo alcanzar un acuerdo universal para limitar el aumento de la temperatura media del planeta por debajo de 2°C o 1,5°C con respecto a la era preindustrial. Durante la cumbre, las empresas tendrán la oportunidad de mostrar su compromiso para preservar nuestro planeta y favorecer la transición a un modelo de desarrollo menos intensivo en emisiones de carbono.

Hasta ahora, la lucha contra el cambio climático se ha visto entorpecida por una especie de círculo vicioso: muchas empresas han condicionado su actuación a las decisiones políticas, mientras que, por su parte, los gobiernos estaban a la espera de la movilización del sector privado.

Pero la situación ha cambiado. Por un lado, la mayor parte de los gobiernos están mostrando su compromiso. A día de hoy, casi cuarenta países -entre ellos los 28 Estados miembros de la Unión Europea, Estados Unidos, México, Gabón- han comunicado sus "contribuciones nacionales", es decir, sus compromisos de reducción de emisiones de dióxido de carbono así como sus planes de adaptación al cambio climático. Esperamos que todos los países se sumen a este esfuerzo comunicando sus contribuciones nacionales antes de la fecha límite del 30 de octubre.

Por otro lado, son muchas las empresas que están integrando la acción climática tanto en sus estrategias de largo plazo como en su funcionamiento cotidiano. Recientemente, un grupo significativo de grandes empresas -entre ellas General Motors, Google, Amazon y Apple- han firmado importantes acuerdos para abastecerse en energías renovables. Hace apenas unas semanas, 43 directivos empresariales con actividades en más de 150 países reconocieron su responsabilidad en favor de un desarrollo sostenible. Ikea, Toshiba Corporation, AkzoNobel, Enel, Hindustan Construction Company, ING Group, Marks and Spencer y Suez Environnement, entre otras, se han comprometido a reducir su impacto medioambiental y se han fijado objetivos para reducir sus emisiones y su consumo de energía. Se han comprometido, además, a promover la innovación tecnológica y a tener en cuenta los riesgos climáticos a la hora de tomar decisiones.

Actuar a favor del clima se ha visto como un costo añadido para la empresa, pero ya no es así.

Esta evolución se explica por la toma de conciencia a nivel general y porque en eso va el interés de las empresas. Y es que la evidencia se impone poco a poco: invertir en el crecimiento sostenible puede ser una fuente de beneficios y de puestos de trabajo. Un informe del Carbon Disclosure Project muestra que las empresas que tienen en cuenta las implicaciones climáticas obtienen un rendimiento sobre sus inversiones un 18% mayor que las que no lo hacen.

Durante mucho tiempo, actuar a favor del clima ha sido visto como un costo añadido y no como una oportunidad. Pues bien, hoy es el coste de la inacción el que centra el debate.

En este contexto, y de cara a la COP 21, esperamos que los líderes empresariales de todo el mundo hagan un llamamiento a favor de políticas ambiciosas y que, por su parte, ellos se sumen al esfuerzo con medidas concretas como, por ejemplo, fijándose la meta de un 100% de uso de energías renovables y estableciendo objetivos para la reducción progresiva de sus emisiones. En ese camino, la cumbre de París es una etapa importante.

En diciembre de este año, durante la COP 21, las actuaciones del sector privado se inscribirán en lo que hemos llamado la "Agenda de soluciones". Éstas serán la continuación de las excelentes iniciativas que salieron de la Cumbre del Clima organizada en septiembre de 2014 por el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y que en diciembre pasado fueron integradas en el "Plan de Acción de Lima a París". Está claro que los esfuerzos que realicen las empresas, como los de ciudades, regiones y sociedad civil, no van a remplazar pero sí reforzarán las medidas que han de tomar los Estados, cuya actuación es indispensable. La idea central y justa es que los gobiernos no son los únicos que deben comprometerse por el clima.

El acuerdo de París, en el que estamos trabajando, no va a solucionar de un plumazo el problema del cambio climático, pero sí debe abrir el camino. En este momento, estamos convencidos de que cada vez más actores públicos y privados están dispuestos a comprometerse de manera concreta por una mayor sostenibilidad del planeta. Ha llegado la hora de actuar por el clima y las empresas deben asumir su parte.

Laurent Fabius es ministro de Asuntos Exteriores y Desarrollo Internacional de Francia y presidente de la COP 21; Christiana Figueres es secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Columna publicada en La Nación, edición impresa, el 19 de mayo de 2015.

publicado el 25/10/2016

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